Quinientos años de Historia y Arquitectura


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1. Circunstancias históricas

 

Después de analizar la documentación histórica disponible y la arquitectura del propio castillo, los investigadores han podido determinar que la fortaleza fue construida, con casi total seguridad, entre 1468 y 1492, es decir, a finales de la Edad Media, por el II Duque de Medina Sidonia: Don Enrique Pérez de Guzmán y Fonseca el Magnífico. Las dos fechas límites se explican por ser 1468 cuando Don Enrique recibe el Ducado de su padre, Juan de Guzmán, y la segunda, 1492, por ser el año en que murió el II Duque. Sabemos que fue el II Duque y no su padre el autor del castillo, entre otros motivos, por aparecer en distintos puntos de la fortaleza un pequeño signo labrado en piedra llamado segur, una especie de hachuela de carnicero. Era habitual en la Edad Media que los señores portaran, además de la heráldica familiar -que se transmitía hereditariamente- un símbolo personal que les era propio sólo a ellos. Sabemos que el del II Duque de Medina Sidonia fue la segur, que colocó, entre otros lugares, en la Puerta de la Sirena y en las pinturas murales de la bóveda del Aula Maior.

Segur en la Puerta de la Sirena. Fot. del autor.

 

No obstante, en base a ciertos datos históricos y particularidades constructivas, es posible afinar un poco más esta cronología: sabemos que hacia 1478 el castillo debía estar, si no completamente acabado, al menos muy avanzado en su construcción. No se ha constatado la existencia de ninguna fase constructiva anterior a esa fecha, y las adiciones posteriores, con la excepción del patio, son de escasa entidad, por lo que estamos ante un edificio genuinamente bajomedieval. Es cierto que existió en Sanlúcar un castillo anterior al de Santiago -es por ello que a nuestro castillo se le denominó durante un tiempo como Alcázar Nuevo- pero aquél estaba situado en otra parte de la ciudad.

El linaje de Guzmán remonta al conocido Guzmán el Bueno, aquél que según la tradición prefirió arrojar la daga con que habían de matar a su propio hijo antes que rendir la plaza de Tarifa, que defendía en 1295. En cualquier caso, su poca querencia paterno-filial, y otros gestos de armas no menos importantes, le valieron el ascenso social, el enriquecimiento personal, y el encumbramiento político, tres procesos que en la Edad Media estaban estrecha y, frecuentemente, indisolublemente asociados. Como resultado, Guzmán el Bueno obtuvo en los años siguientes, bien por donación regia bien por compra o trueque, una serie de localidades en la actual provincia de Cádiz. En el momento de su muerte, durante el cerco de Algeciras de 1309 -una empresa que será una de las obsesiones familiares durante toda la Edad Media-, y en circunstancias poco claras, el Guzmán controlaba Sanlúcar de Barrameda, Vejer, Conil, Barbate, Zahara, Lepe, Ayamonte, Chipiona, Rota, El Puerto de Santa María y Chiclana, además de otros lugares menores. Había sentado firmemente las bases de la prosperidad de su linaje, que en apenas siglo y medio iba a convertirse en uno de los más poderosos de toda Castilla. El comienzo de este ascenso estuvo sin duda en la inteligente política territorial de Guzmán el Bueno, quien además supo ver con nitidez el potencial económico de las pesquerías de la costa atlántica andaluza, de las que obtuvo privilegio de explotación ya en 1299. La Corona confió a los guzmanes la defensa de las costas de Andalucía desde finales del siglo XIII, confianza que se mantendrá ininterrumpidamente hasta mediados del siglo XVII. Gracias a este apoyo, e inmersos en el contexto general de avance cristiano sobre el Estrecho, el linaje llegará al punto de controlar una buena parte de lo principales núcleos de población de las actuales provincias de Cádiz, Sevilla y Huelva, incluyendo la propia ciudad de Sevilla. No resultará extraño así que fuera un Guzmán quien recibiera del rey Juan II, en 1444, el primer título ducal que la monarquía otorgó en la Castilla medieval.

Don Enrique de Guzmán nació hacia 1430, y sería II Duque de Medina Sidonia, IV Conde de Niebla, VII Señor de Sanlúcar y Alcalde Mayor de Sevilla. Vivió una época especialmente intensa y conflictiva: la última etapa de la Guerra de Granada. Fue una personalidad singular, exacerbada por sus partidarios y vilependiados por sus enemigos, especialmente por los partidarios de su gran rival, Rodrigo Ponce de León, Conde de Arcos y Marqués de Cádiz. Tradicionalmente se ha identificado al primero como el prototipo de hombre pre-renacentista, y al segundo como el paradigma de guerrero de la Frontera. Ambas potentes personalidades no tardaron en chocar. Según Barrantes Maldonado, cronista de la Casa del siglo XVI, “fue este duque honbre sabio é de buen entendimiento, é tuvo animo á enprender cosas grandes, y enprendidas las puso en obra y salió con ellas” y fue “exçelente Prinçipe é muy valeroso señor, de grande animo, de hechos notables, de dichos exçelentes”. También según Barrantes, la segur que era emblema del Duque se acompañaba de una divisa: "las cosas peligrosas conmigo aseguran su peligro". Toda una declaración de intenciones que iba bien acompañanada de una intensa actividad constructora de fortificaciones. Y es que, aunque algunas de estas no han llegado a nuestros días, podemos afirmar que la campaña de edificación de fortalezas del II Duque de Medina Sidonia fue, por cantidad y calidad, una de las campañas señoriales de construcción de fortalezas más relevante de Castilla.

Imagen aérea del castillo de Santiago. Publicada por Alberto Ocaña en El Castillo de Santiago en Sanlúcar de Barrameda. Cinco Siglos de Historia y Arquitectura de una fortaleza. Fot. del autor.

Aunque pueda resultar llamativo, el castillo no se diseñó para las dos razones que pueden parecer más evidentes: no se hizo ni para controlar la desembocadura del río –para lo que era inútil-, ni por la guerra contra los nazaríes. El río estaba lejos para la artillería de la época y los musulmanes estaban ya confinados al lejano Reino de Granada, cuyo retroceso era irreversible. Ciertamente los motivos para la construcción de la fortaleza fueron diversos, pero destacan poderosamente dos: por un lado, un contexto de luchas aristocráticas por el poder que caracterizaron la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI en Castilla. En este sentido, el castillo se hizo frente al gran rival del II Duque, ya mencionado: el I Marqués de Cádiz y Conde de Arcos Don Rodrigo Ponce de León, y como cautela frente a una intervención de la monarquía en este conflicto. Y, por otro lado, debe tenerse en cuenta el papel semántico que desempeñaron los castillos en la cultura política del final de la Edad Media castellana, como símbolos de poder de sus propietarios. Todo ello explica que sólo en la segunda mitad del siglo XV se construyera una parte cualitativamente importante de la totalidad de los castillos que se levantaron en España durante la Edad Media.

Desde su construcción y hasta 1645 el castillo funcionó como fortaleza ducal y vio el paso de algunos personajes ilustres que recalaban en Sanlúcar por su posición de puerto de salida hacia el Atlántico: Isabel la Católica –de quien se dice que vio por vez primera el mar desde el castillo-, Colón o Magallanes por ejemplo. En 1645 el castillo es confiscado debido a una supuesta tentativa de rebelión del IX Duque contra la Corona. Desde entonces, el castillo funcionó como fuerte estatal y tuvo una trayectoria errática, sólo interrumpida por la utilización del castillo como cuartel para alojar la escolta del Duque de Montpensier, hacia 1853. Tras un breve periodo de esplendor, el castillo es abandonado definitivamente, y forma parte de la nómina de fortalezas de las cuales, el Ministerio de la Guerra se desprendió desde principios del siglo XX. A principios de este siglo es cedido de forma oficiosa por el Ministerio de Guerra al Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda, que lo utilizará para fines muy diversos, como hospital de infecciosos o comedor. Se acentuó desde entonces su progresiva degradación y abandono -que incluyeron la instalación de un taller de coches en el edificio...- que fueron definitivos tras los intentos de rehabilitación de la década de los ochenta y noventa, que por diversas circunstancias no fueron definitivos, situación que culminará con el incendio declarado en el patio en 1995, que arrasó una de las naves del patio y que estuvo a punto de arrastrar todo el lienzo de muralla donde se encuentra la Portada de la Sirena.

En un momento crítico para la fortaleza, en 2003 la empresa Officia ganó el concurso para su gestión y rehabilitación, siéndole cedida la fortaleza por cincuenta años. Se trata de una figura poco usual en España, pero frecuente en otros países de nuestro entorno, de consolidadas y premiadas políticas de gestión de bienes culturales, como Reino Unido o Francia, donde es frecuente la feliz coincidencia entre propiedad privada y organismos públicos, de lo cual el gran beneficiado es el propio Patrimonio a la vez que el público.

Comenzó entonces un delicado y escrupuloso proceso de intervención destinado a recuperar para el público el monumento, teniendo en cuenta todos los criterios internacionales de protección del Patrimonio Histórico, como las cartas de Venecia y de Baños de la Encina; proceso que se apoyó paralelamente en una exhaustiva investigación histórica por diversos archivos españoles y sobre el propio edificio, objeto de una investigación doctoral. Fruto de todo ello -y en paralelo a las minuciosas obras de rehabilitación que aún se prolongarán unos años- fue la primera apertura al público del castillo en el verano de 2006, después de muchos años en los que el interior fue inaccesible tanto a los sanluqueños como al público en general. Así se ponía fin a la larga historia de deterioro de una de las principales fortalezas tardomedievales de Andalucía y de gran interés para el estudio de su tipología concreta de fortificación. Y volvía así a tener vida el castillo que el duque Don Enrique levantara para perpetuar la memoria de su linaje, y a resonar con fuerza su nombre a través de quinientos treinta años de tiempo impasible.

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