Quinientos años de Historia y Arquitectura


 

2. Circunstancias arquitectónicas

 

a) Los castillos y el mundo medieval

Imaginen cómo tiene que ser la vida para que las casas donde esa vida se aloja tengan paredes de tres metros de espesor, rejas por todos lados, no haya apenas ventanas, y las pocas que hay sean muy estrechas y estén a varios metros por encima del suelo. El castillo, que es en esencia una casa fortificada, tiene su origen en un mundo violento, y en la conjunción de una necesidad y una posibilidad. La necesidad que surgió, alrededor del siglo IX, de dar solución a una situación de violencia desordenada y generalizada, en unos momentos de tránsito entre la sociedad resultante del final del Imperio Romano primero y Carolingio después, y la formación de la civilización propiamente medieval. Y por otro lado la posibilidad, debido a la disgregación de los poderes públicos, de afrontar esa violencia de una forma privada y sin ningún tipo de cortapisas legales ni morales.

Castillo de Kirby Muxloe (Leicestershire, UK) Esta fortaleza fue iniciada por los mismos años de Santiago, pero su constructor, Lord Hastings, fue ejecutado antes de concluirla, debido a sus disputas con la Corona. La misma suerte podía haber corrido Santiago, pues sabemos que el II Duque fue amenazado por un asesino a suelo, del cual corrían rumores que estaba al servicio de los Reyes Católicos.

Aunque hay autores partidarios de llamar castillo a cualquier edificio fortificado de cualquier época, aquí vamos a considerarlo como un fenómeno casi exclusivo de la sociedad feudal occidental, por una razón principal. Lo que hace al castillo diferente de cualquier otro tipo de fortificación, es su naturaleza dual. El castillo es, en general, una residencia muy fortificada, o una fortaleza muy habitable y, sobre todo, es de naturaleza privada. Pues bien, “es esta dualidad esencial de ser residencia y fortaleza la que es intrínsecamente única del castillo, y es la función privada y señorial que le es propia, en oposición a la función comunal, lo que distingue al castillo en la historia de la fortificación” (Reginald-A. BROWN, Castles, ob.cit., pág.5). Esa dualidad exigirá de los constructores de castillos un esfuerzo de compensación que rápidamente se comprenderá: una casa con el acceso a varios metros de altura, con el número menor de huecos en muros de gran espesor, resulta tremendamente defendible, pero muy difícilmente habitable. Y, por el contrario, la comodidad se obtiene de rebajar la exigencia en las cualidades defensivas. Puesto que los castillos necesitaban de ambas cosas, la arquitectura de los castillos tratará de llegar a un equilibrio. Según la época, el momento, el tipo de castillo, y las circunstancias históricas, la balanza tenderá a inclinarse hacia un lado o el otro. Mientras en Francia e Inglaterra, por ejemplo, la tendencia con el paso del tiempo fue a hacer de los castillos residencias intensamente fortificadas, con cada vez mayores concesiones a la habitabilidad, en España los castillos fueron más bien fortificaciones levemente habitables, con muy pocas y muy tardías concesiones a la comodidad.

Torre del homenaje del castillo de Raglan (Monmouthshire, Gales, UK) El fenómeno de la fortificación privada se extendión por toda Europa durante la Edad Media. Raglan, construido en los mismos años que Santiago, con su torre del homenaje también hexagonal y su barrera artillera con alambor, es un paralelo extraño y lejano, posiblemente fruto de la casualidad. Fot. del autor.

Desde un punto de vista exclusivamente bélico, el castillo era la máquina militar más compleja y refinada del Medievo, por lo que se le aplicaron constantes innovaciones en este sentido. Todas ellas estuvieron condicionadas por lo que se conoce como la pugna del proyectil y la coraza, un principio según el cual todo avance en las técnicas de ataque es respondido, como un reflejo en un cristal, por una respuesta equipotente en las técnicas de defensa. Durante gran parte de la Edad Media hubo un claro predominio de la coraza: rendir un castillo por la fuerza era tremendamente complicado con las máquinas bélicas que existían. Pero hacia 1300 se inventaron los cañones, un tipo de artillería que usaba la pólvora como propelente. Durante más de cien años estos primeros cañones tenían una escasa efectividad, pero hacia 1450 la artillería de fuego se convirtió en un arma muy a tener en cuenta desde un punto de vista militar, y los castillos debieron de adaptarse a esta nueva realidad. Desde 1500 se perfilará un nuevo tipo de fortaleza específicamente diseñada para repeler la artillería de pólvora. A los castillos que suponen un paso intermedio entre las nuevas fortalezas específicamente artilleras y los castillos medievales anteriores al triunfo de la pólvora, sin llegar a ser ninguna de las dos cosas pero las dos a la vez, los llamamos de transición. A este tipo pertenece el castillo de Santiago.

b) La arquitectura del castillo de Santiago

No resulta arriesgado afirmar que el castillo de Santiago de Sanlúcar es uno de los más interesantes de su clase de Castilla, y el de mayor superficie construida de la provincia de Cádiz. Es un castillo que denota la tremenda personalidad de su constructor, y que está repleto de interesantes y avanzados, para la época, sistemas defensivos. Fue la principal fortaleza que construyó, junto con la de Niebla -un castillo en muchos sentidos gemelo, que desafía la máxima de que no existen dos castillos iguales- el II Duque. Entre estos elementos de interés destacan los siguientes:

La Torre del Homenaje

Llamamos Torre del Homenaje a la principal y más fuerte de un castillo, por lo que habitualmente coincide con ser la de mayores dimensiones. En esta torre residiría el señor o su alcaide en su ausencia –en el caso de Santiago, en la gran sala del tercer piso-. Estas torres suelen funcionar, en la mayoría de los casos, y desde un punto de vista táctico, como el último refugio dentro de una fortificación, lo que significa que debe ser la más defendible, y que además debe de gozar de un cierto grado de autonomía respecto del resto de la fortaleza. En las torres del homenaje, por otro lado, se suelen concentrar los escasos elementos destinados a la comodidad doméstica que aparecen en los castillos españoles; la de Santiago es especialmente austera en este sentido, y está muy en la línea de lo que decía el profesor Mora-Figueroa: “parece evidente que las torres del homenaje [castellanas]  resultan en su planteamiento interior un incómodo amparo de los días aciagos, con esperanza en la brevedad del trance, concebidas para una mala noche en una mala posada. Pero algo tiene: cuenta la torre con un pozo de suministros,  ese hueco vertical destinado en origen a facilitar el trasiego de agua, municiones y otras cosas de utilidad. Y con tabucos ventaneros, que son esos bancos a ambos lados de las ventanas, muy típicos en los castillos del siglo XV, y que no tienen misterio, son exactamente lo que parecen: sirven para sentarse y mirar por la ventana, mientras se tejía, se conversaba con el vecino de banco, se leía algún libro, o simplemente se veía a la gente pasar. Según una tradición verosímil, Isabel la Católica vio el mar por vez primera desde la torre del homenaje de este castillo.

Torre del homenaje y barrera artillera en primer término. Fot. del autor.

Adaptaciones pirobalísticas

El castillo de Santiago posee una formidable colección de adaptaciones pirobalísticas, lo que convierte a esta fortaleza en una de las más interesantes de su clase de Andalucía. Bajo este término se engloban todas las disposiciones arquitectónicas pensadas para resistir el castigo artillero a que pueda ser sometido el castillo, así como todas aquellas diseñadas para optimizar el empleo de la artillería propia. Destaca en este sentido la barrera artillera o falsabraga, la muralla más baja que la principal que rodea todo el castillo, en la que se abren medio centenar de cámaras de tiro con troneras, aberturas en las murallas por las que asoman las bocas de los cañones para disparar. Por otro lado, el castillo está diseñado para deflectar el fuego enemigo –mediante unas superficies inclinadas conocidas como alambor- y eludirlo –para ello el castillo estaba originalmente agazapado en el fondo de un profundo foso-, así como para reducir al mínimo los ángulos muertos que había alrededor –para ello la geometría de la muralla tiene un diseño muy estudiado que favorece la capacidad de fuego de flanqueo-.

Cámara de tiro y tronera de Santiago. Fot. del autor.

Zonas de tránsito, entradas sutiles y calabozos

La vida azarosa de una fortaleza podía requerir entrar y salir del castillo discretamente. En Santiago existen dos entradas y salidas sutiles. La primera de ellas es la poterna que existe en la muralla que rodea a la torre del homenaje. Una poterna es una puerta poco llamativa desde la que acceder y salir de la fortaleza en situaciones excepcionales. La segunda de ellas es el pasadizo subterráneo que une el palacio ducal con el castillo. Esta galería fue construida a mediados del siglo XVII, cuando se cernía sobre Sanlúcar una amenaza de confiscación por parte de la Corona –que llegaría a cumplirse- y el IX Duque sintió la necesidad de tener a mano un acceso rápido y directo al castillo, por si la situación se complicaba.

La vida cotidiana del castillo giraría en torno al patio de armas. Desafortunadamente el propio del castillo medieval se perdió siglos atrás. No obstante, sí que se han conservado las espléndidas naves construidas por el Duque de Montpensier hacia 1853.

Hemos conservado alguno de los calabozos originales del castillo, unas angostas habitaciones en forma de campana con un único y estrecho orificio de acceso en el techo. Sabemos de la existencia de uno de mayor tamaño, donde según la documentación se encerraba a los esclavos durante las incursiones de piratas berberiscos –para evitar que se unieran a éstos- pero que aún no han aparecido.

En el siglo XVII, cuando el IX Duque veía venir el conflicto con la Corona, se hizo construir un pasadizo de escape que unía castillo y Palacio Ducal, situado a unos pocos centenares de metros. Lamentable, sólo hemos conservado el primer tramo, ya que fue condenado por las cimentaciones de las casas modernas. Un ramal, también cortado, salía en dirección a la playa.

El pasadizo de escape. Fot. del autor.

El Aula Maior

A la gran sala que precede a la torre del homenaje la llamamos Aula Maior. Esta construcción resulta muy particular por dos motivos fundamentales. El primero, que este tipo de torres resultan muy extrañas en los castillos españoles, habiendo menos de una decena en toda España. El segundo, que ha conservado parcialmente en su bóveda unas pinturas murales originales del siglo XV, en las que aparecen el emblema personal del II Duque, la segur, una especie de hachuela que aparece representada también en la Puerta de la Sirena. Esta sala supone por sus dimensiones y altura interior (22 metros) un alarde arquitectónico, y su función era la de impresionar a los visitantes, además de probablemente albergar la ceremonia de pleito homenaje, el juramento de fidelidad del alcaide de la fortaleza a su señor.

Aula Maior. Fot. del autor.

Sistemas de ataque y de defensa del castillo

Para impedir que los de fuera entrasen, o al menos para que tuvieran las mayores dificultades posibles mientras lo intentaban, se diseñaron variados dispositivos y se elaboraron diversos planteamientos tácticos. Entre éstos últimos destaca el de compartimentación de la defensa. Según este principio, la fortaleza debe de estar diseñada de forma que el atacante encuentre sucesivos obstáculos de una forma escalonada, y para que los defensores puedan ir replegándose sucesivamente sacrificando sectores de la fortificación. Por eso, cada sector debe dominar al anterior, de tal manera que no se pierda en ningún momento la situación de superioridad de los defensores. En Santiago, la compartimentación de la defensa se lograba originalmente mediante una configuración del edificio que obligaba a tomar varios vericuetos antes de penetrar en el núcleo de la fortaleza. El último reducto era la torre del homenaje, que se podía segregar y defenderse del resto del castillo mediante un sistema de puertas blindadas, puentes levadizos, rampas que cortaban el paso, y troneras que defendían los accesos. Por otro lado la defensa general del castillo se ejercía de forma activa mediante algunos dispositivos arquitectónicos, como ladroneras –en las esquinas de las torres de flanqueo- y matacanes –en el Aula Maior-, que permitían hostigar de forma vertical el pie de las murallas. Las troneras, por su parte, permitían un hostigamiento horizontal (ver cuadro “adaptaciones pirobalísticas).

Croquis de planta del castillo de Santiago. Puede apreciarse la gran regularidad y simetría de la misma, propia de los castillos de esta época.

Labra de la piedra y simbología

Existen en Santiago un número infrecuente de grafitos en el mortero, originales del momento de construcción del castillo. Estos grafitos son muy diversos, desde dibujos de barcos hasta indicaciones constructivas; uno de ellos resulta especialmente llamativo, pues está escrito “biua el duq”, lo que quiere decir ¡Viva el duque!...

Dos elementos poseen una especial relevancia simbólica: por un lado, sabemos que el Aula Maior estuvo coronada de flores de lis en piedra, una de las cuales se rescató hace tiempo durante unas excavaciones arqueológicas. Con esta decoración los duques pretendían reivindicar un vínculo de su linaje con los duques de Bretaña. También posee una especial carga simbólica la Puerta de la Sirena. Para diseñar esta portada, una de las más cuidadas de la arquitectura militar andaluza, los duques, movidos por inquietudes artísticas, trajeron a un artista italiano, un tal Marinu de Nápoles. También aparece en la portada representado el símbolo personal del II Duque, las segures, de las que se dice que solían ir acompañadas del lema “las cosas más peligrosas conmigo aseguran su peligro”. Pero quizás lo más llamativo de esta portada sea la nereida que porta las armas del II Duque y de su mujer, Leonor de Mendoza. Es muy infrecuente en España la utilización de una sirena como portante heráldico. Remite a una significación simbólica de difícil demostración, aunque una versión aceptada habla de que encarna la personificación del deseo que no puede ser alcanzada y también, de un modo general, el concepto de dualidad.

Detalle de las segures en la bóveda del Aula Maior. Fot. del autor.

 

Textos, fotografías y plano: Alberto Ocaña
Área de Historia Medieval
Universidad de Cádiz

 

Para saber más:

Rosario FRESNADILLO, “Canteros, cantería y simbología en el Castillo de Santiago (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz)”, en Estudios de Historia y de Arqueología Medievales (Núm. IX, 1993); Pedro BARRANTES MALDONADO, Ilustraciones de la Casa de Niebla, Federico DEVÍS (ed.) Universidad de Cádiz, 1998 (terminadas de escribir en 1541); Alberto OCAÑA, El Castillo de Santiago en Sanlúcar de Barrameda. El Puerto de Santa María, 2007; Miguel Ángel LADERO QUESADA, Los Señores de Andalucía. Investigaciones sobre nobles y señoríos en los siglos XIII a XV. Cádiz, 1998; Juan Luis CARRIAZO RUBIO, La Casa de Arcos entre Sevilla y la Frontera de Granada (1374-1474) Sevilla, 2003; Luis de MORA-FIGUEROA, Glosario de Arquitectura Defensiva Medieval. Madrid, 2006; Reginald-A. BROWN, English Castles. Woodbridge, 2004, y Castles. Aylesbury, Shire Archeology, 1985; Robert LIDDIARD, Castles in Context. Bollington, 2006; Charles COULSON, Castles in Medieval Society. Oxford, 2002; Manuel ROJAS, La Frontera entre los Reinos de Sevilla y Granada en el siglo XV (1390-1481) Cádiz, 1995.

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